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Tema Les
aseguro que esta historia que les cuento es totalmente fruto de mi
imaginación fantástica de mujer siempre alegre. Mi amiga o vecina, ¡da
igual! Llámenle como ustedes quieran, es la esposa del bombero que vive
en el piso junto al mío. Pero en realidad no sé por qué les cuento
esto, no es de eso de lo que va la historia, la historia va de... Una
mañana de verano, tras una noche espantosa de calor me desperté sudorosa,
¡sí, todos no tenemos la fortuna de tener aire acondicionado en nuestro
dormitorio! Como les decía, me levanté con todo el cuerpo sudado y
malhumorada por no haber descansado lo suficiente debido al dichoso calor. Son
las cinco, el despertador suena inexorable, ¡hay que levantarse! El
trabajo espera, dicen las malas lenguas que el trabajo es salud, eso
dicen, pero yo, aunque soy muy trabajadora también soy sincera, ¡lo
odio! ¿Quién me mandaría nacer pobre? ¡Calla Bianca, siempre te estás
quejando! Era
una de esas mañanas en las que te gustaría no levantarte, y no por que
estuviera cómoda postrada en la cama, no, simplemente porque tenía el
presentimiento de que sería un día de esos que todo te sale mal. Con los
ojos aún pegados por el sueño, pongo el pie izquierdo en el suelo, ¿qué
es eso? Siento un crujido como cuando revientas unas de esas burbujas de
aire que tienen los plásticos de embalar, ¡maldito verano! Una cucaracha
salida de no sé qué lugar, paseaba a sus anchas por mi dormitorio, y no
tuvo otro lugar donde ponerse que debajo de mi pie, ¡qué asco, qué
susto! Mi corazón palpitaba a mil por hora. Salí disparada en dirección
al cuarto de baño, tenía que limpiarme de semejante tortilla. ¡No! Esto
no me puede estar pasando, ¡no hay presión en el agua, no me puedo
duchar! Nada, que le vamos a hacer, me tuve que lavar con agua fría, ¡de
qué te quejas Bianca, es verano! Sí, es verano pero a mí me gusta
sentir por las mañanas una lluvia de agua caliente sobre mi cuerpo, me
relaja y al tiempo me despierta para comenzar con ánimos el día. Nuca
desayuno en casa, siempre lo hago en un bar que hay camino del lugar donde
paso ocho horas de mi vida durante cinco días a la semana, ¡ya se sabe,
o eso, o te mueres de asco! Nada, dejaré de quejarme que sino pareceré
que soy una de esas personas que se queja de todo y por todo. Me dirijo rápida
como siempre al lugar donde suelo dejar aparcado mi coche, ¿qué es eso?
Ya me parecía a mí, hoy no es un gran día, ¡no me lo puedo plantear así!
La ventana derecha del coche está rota, ¡me han robado! Se acabó de
estropear el día, ¿qué buscarían en mi viejo coche? Nunca dejo nada,
no llevo radió ni objeto alguno que se pueda vender, ¡nada, me ha
tocado! Espera, ¡Ahora me acuerdo! Me dejé una cajetilla de tabaco y el
mechero encima del asiento, ¡Ya te lo dije Bianca, deja de fumar! A la
fuerza tendré que dejar de fumar, ¡malditos cacos! Con lo que me costará
arreglar la ventana me veré obligada a dejar de fumar y si me descuido
hasta de comer, ¡el sueldo, no da para tanto! Lo vuelvo a repetir, ¡quién
me mandaría nacer pobre! ¿Qué hago ahora? No puedo faltar al trabajo,
es un puesto en una cadena, tengo que ser responsable y no faltar nunca,
eso les provocaría un problema a la empresa, ¡primero ellos, después
yo! Cuando termine por la tarde, ya lo llevaré para que me pongan una
ventana nueva. Llego
al trabajo y me dispongo a empezar la jornada laboral, pero veo que se
acerca el encargado de recursos humanos, ¡las piernas me tiemblan! -Señorita
Bianca, ¡lo siento, queda usted despedida! Estamos reduciendo plantilla y
no podemos renovarle el contrato, ya sabe usted que terminó ayer. Tenga,
este es el talón del finiquito y los papeles para que cobre usted el
subsidio de empleo. Con
un nudo en la garganta y con lágrimas en los ojos, me marché de ese lugar
donde durante 3 años me dejé la piel, ¡nunca falté al trabajo! Así me
lo agradecen, ¡Bianca, ánimos! Los pobres estamos para eso, para que nos
exploten todo lo que quieran, ¡no sé de qué te sorprendes! Muy bien, lo
que faltaba para llenar el vaso. Aproveché
para ir al taller para que me pusieran la ventanilla, que aunque era
verano, no era plan de ir por el mundo con el coche abierto: -Hola buenos días, vengo para que me pongan la ventanilla. -¿Tiene
seguro? Por
supuesto contesté; el amable empleado del taller me dijo que en ese
seguro no me entraba el cambio de ventanas. Que las lunas delantera y
trasera sí, pero que las ventanas no, ¡qué bien! Como es normal la tuve
que pagar, si ya iba justa para pasar el mes, eso me acabó de dejar
tiesa. Rauda
y veloz me dirigí a la oficina de empleo. Necesitaba empezar a trabajar
como fuera y en lo que fuera, de lo contrario, las cosas se pondrían feas.
La chica que me atendió fue muy amable y me dio una dirección para que
me presentara a una entrevista. Me dijo que habían ido 15 chicas y que
entre todas escogerían la que más les agradara. Era un trabajo que
consistía en cuidar de una señora mayor que vivía sola. Me
trasladé hasta la dirección que me habían dado, ¡aquello no era una
casa, era una mansión! Ya estaba a punto de estallar, el día fue
agotador, toqué al timbre y crucé los dedos: -Buenos días, vengo por lo del puesto de trabajo. -Buenos
días, ¡pase! Estaba
nerviosa, necesitaba dar buena imagen para ver si me daban el puesto de
trabajo a mí, ¡lo necesitaba, supongo que las demás también! Aquella
mujer no tenía nada de vieja, era mayor pero se conservaba muy bien. En
ese momento suponía que sería la encargada de realizar la entrevista. Así
fue: -¿Sabe usted idiomas? -No
señora, solamente el castellano. No siguió hablando, se levantó y muy amablemente me acompañó a la puerta diciéndome que necesitaba una persona con estudios y que supiera inglés y francés. Salí de esa casa casi llorando y mordiéndome la lengua para no decir nada de lo que luego me arrepentiría. Sentada en el coche, ya con lágrimas en los ojos, apenas atinaba a introducir la llave en la cerradura de arranque (clausor). Esperé unos minutos para calmarme y tomé rumbo a mi casa. Me estiré en la cama y me dije: Tranquila Bianca, ¡Mañana será otro día! .-.-.
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Todos y cada uno de los escritos que encontrará en esta sección de historias, son las fantasías del que las escribe, ¡vaya, que soy yo! No son reales, por lo tanto, no se las tome al pie de la letra. Piense que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio criterio. ¡No estoy en posesión de la verdad, ni lo pretendo! Las fuentes utilizadas como apoyo para los datos históricos o relacionados con el tema tratado, si los hubiere, han sido recopilados de: La enciclopedia Encarta de Mricosoft en su versión 2004 actualizada, la enciclopedia Libre Wikipedia y la enciclopedia Lexis 22, y otros libros según bibliografia. |