Me enamoré de sus piernas (XIII)

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Datos ténicos

Las piernas de Evelin

Título: Me enamoré de sus piernas (XIII)
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Evelin
Actores: Evelin, Jorge, Lorena, Jennifer, Teresa, Mirian
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2006
Género: Erótico 
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

El olor que dejó Evelin en el cuarto de baño de las féminas duró hasta bien pasadas las cinco de la tarde. Mirian no paraba de reír cada vez que iba al baño. Estaba contenta de la lección que le había dado a Evelin, no fue otra que ella la que tuvo la ocurrencia de mayúscula venganza. Llegó la hora de finalizar la tarea diaria y cada uno por su parte se marchó para después encontrarnos en casa de Mirian.

Pero nada más salir del despacho me acordé de la amenaza de Evelin, yo no podía ir solo a ninguna parte. Salí tras de ella y me puse en su lado cuando estaba esperando el ascensor. Cuando entramos, como no había nadie de la oficina le dije:

-Mirian acabo de cometer el primer error, durante el trayecto en coche es muy fácil que me despiste y me quede solo. Entonces aprovecharían para eliminarme.
-¡Es verdad Jorge! ¿Esto de estar juntos será más difícil de lo que parece? ¡Tendremos que aprender a no bajar la guardia!
-Iremos juntos a casa. ¿Dónde quieres que vivamos? En tu casa o en la mía Mirian.
-En la mía Jorge, es más grande y tenemos aparcamiento y puerta de garaje automática.
-Mirian. Te agradezco de todo corazón lo que estás dispuesta a hacer por mí ¡Vivir la vida junto a mí, no será fácil!
-Lo sé, pero estoy enamorada desde hace mucho tiempo. ¡Lo soportaré!

Me emocioné tanto que mis ojos se llenaron de lágrimas, como podía haber ignorado a una persona con ese gran corazón durante más de dos años. Nunca la traté mal, pero si con indiferencia y sin embrago ella es capaz de dar su vida por mí. Nos dirigimos hasta el aparcamiento y decidimos ir en mi coche.

-Mirian. Tengo que ir a mi casa para recoger un poco de ropa y llevarla a la tuya.
-Vale Jorge. Yo tengo en casa toda la ropa de mi marido que puedes utilizar cuando quieras, era prácticamente de tu talla.
-Gracias Mirian, prefiero usar la mía. ¡No te lo tomes a mal!
-¿Por qué habría de tomarlo a mal? ¡Es lógico que quieras utilizar tu ropa! Es más, a partir de mañana empezaré hacer limpieza y daré toda su ropa a un centro de beneficencia. Es absurdo tener esos dolorosos recuerdos delante de mi todo el tiempo.

Recogimos dos maletas con lo que creía que iba a necesitar y partimos para la el chalet de Mirian. Llegamos abrimos la puerta del garaje y aparcamos el coche. Llamamos a un taxis y fuimos a buscar el coche de Mirian al aparcamiento de la empresa. A partir de ahora tendríamos que acostumbrarnos a ir siempre juntos a todos los sitios. Dentro de casa estábamos aparentemente a salvo pero debíamos andar con cuidado, si entraran y nos encontraran en diferentes habitaciones sería eliminado. La alarma exterior estará siempre conectada.

Ya estaba instalado en casa de una persona casi desconocida, me tengo que adaptar a vivir acompañado, mi libertad era sagrada para mí. Tenía que distribuir mi ropa y le pregunté:

-Mirian. ¿Dónde puedo poner mi ropa?
-De momento déjala en las maletas. Mañana cuando vengamos de trabajar, te haré sitio en mi armario. ¡Ahora que digo trabajar! No podemos seguir trabajando, no hay forma de poder estar siempre juntos.
-De momento tiraremos como podamos Mirian. Cuando tú no estés en mi despacho, yo estaré en el tuyo y cuando tengas que ir al baño iré al despacho de contabilidad o al de programación, ya lo iremos combinando. Será muy sospechoso pero iremos tirando.
-¿Cuándo tengas que viajar qué harás Jorge?
-Muy sencillo. Te llevaré conmigo. Eso lo puedo hacer, está establecido en mi contrato por motivo de trabajo puedo llevar a mi secretaria.
-Pero empezarán los rumores de que estamos liados.
-Bueno, eso no me preocupa lo mas mínimo. ¡Yo soy libre! ¿Y tú?
-También. Lo has pensado muy bien Jorge. ¡Será divertido! Ahora voy a darme una ducha. La casa tiene tres cuartos de baños, puedes utilizar el que quieras. Te enseñaré la casa para que sepas donde está todo.
-Gracias Mirian.

Mirian daba la sensación de ser una mujer que disfruta sirviendo, agrandando a los demás, estaba más por mí que por ella misma. Como es así, yo también trataré de servirla a ella en todo lo que pueda, y unas de las primeras cosas que le voy a ofrecer es mi amor. Trataré de que se sienta recompensada por lo que ha sufrido con la pérdida de su amado esposo. No quiero sustituirle, simplemente hacerle la vida más agradable, es una persona que lo merece. Me daré una ducha y me pondré cómodo, esta noche la quiero hacer disfrutar al máximo.

Terminada mi relajante ducha, la estoy esperando en la sala de estar, aún no se como funciona el sistema de música y luces, esperaré a que ella me lo enseñe. Mirian ha aparecido en la sala envuelta en una bata de baño, trae un bote de crema hidratante se sienta a mi lado y pone sus piernas sobre mis muslos me da la crema y me dice:

-¿Quieres darme crema en los pies y hacerme un masaje? Yo me lo doy todos los días, pero estando tú. ¡Espero que no te sea una molestia! ¡Si es así, dímelo!
-Es un placer el darte un masaje en los pies y donde haga falta Mirian.

Le estuve masajeando los pies durante todo el tiempo que estuvieron dando un partido de fútbol por la tele. Uno de los movimientos del masaje que más le gustaba era cuando con mis dedos entrelazaba los suyos, sus pies gozaban, ella gozaba y yo empezaba a estar excitado. En algunos movimientos Mirian dejaba ver sus muslos y alguna vez alcancé a ver su vagina. Cuando ha acabado el partido, que por cierto le he prestado poca atención. Mirian se ha levantado a poner música y me ha dicho:

-¿Qué pongo Jorge? ¿Te gusta Emilio José?
-¡Vale! Me gusta cualquier cosa que sea romántica. ¿Tienes algo de Rosa León?
-Sí, tengo toda la colección que editó. ¿Veo que te gusta la época de los 70 y 80 del siglo pasado?

Colocó los Compaq de Emilio José, Rosa León y Maria del Mar Bonet y los programó para que fueran saltando al zar. Quedó una mezcla de canciones agradables de escuchar.

-Muy bonito Mirian.

Ella empezó a moverse al compás de la música y se insinuaba cada vez más. Ya no pude aguantar y me acerqué, empezamos a bailar. Tenía la bata abierta que dejaba ver sus pechos pequeños para ser entrada en carnes ¡Unos pechos preciosos! Su pubis es una obra de arte tiene dos líneas de vello en forma de flecha, acabada la punta encima de su clítoris y en el fondo una rosa grabada a tres colores. ¡Realmente genial! En su ombligo tiene un brillante incrustado. ¡Nunca lo hubiera imaginado! Le di un mordisco en el cuello y le susurré:

-Mirian quítate la bata, estarás más cómoda.
-Te gusta así Jorge.
-Me encanta ver tu cuerpo desnudo.

Seguimos bailando agarrados y sin dejar de besarla, Mirian estaba decidida a que hoy no me escapara sin hacerla feliz Y ella dijo:

-Jorge desnúdate. Quiero sentir tu piel junto a la mía.
-Ahora mismo lo hago.

Mientras me desnudaba ella seguía bailando con los ojos cerrados. Supongo que pensando en su difunto marido. ¡Es lógico!

Una vez me había desnudado reinicié el baile y no dejamos de besarnos y rozarnos todo nuestros cuerpos, sus pezones estaban dilatados al igual que los míos, cada contacto era un aumento de excitación, mi pene estaba al cien por ciento de su elevación, apenas si podíamos bailar. Pero seguimos durante un buen rato, hasta que Mirian me miró a los ojos y me dijo:

-Jorge hazme tuya, aquí mismo de pie.

Como somos de la misma estatura mi pene queda a la altura de su artística y depilada vagina. Que está lubricada a más no poder, le introduzco mi elevado pene y como podemos seguimos bailando el movimiento del baile va haciendo que cada vez estemos mas excitados ¡Es diferente! Nunca había echado un polvo de esta manera, llegamos los dos al orgasmo, nos seguimos besando y diciendo cositas suaves al oído, hasta que decidimos descansar para comer un poco.

Mirian es sin duda una mujer romántica que le gusta que la amen sin ningún sobresalto. Necesita amor y sexo en cantidades proporcionales. ¡Yo estoy dispuesto a dárselo! Cada minuto que pasa estoy más enamorado de mi secretaria ¡Qué cosas tiene la vida!

 

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