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Relato En
la postura en la que quedé al posar su delicado pie sobre el suelo, hizo
que pensara en algunas de mis fantasías. Sin dar tiempo a dejar mi mente
volar por los aires del qué haría, mi hermosa acompañante reina de la
velada dice: -¡No
te cortes, puedes hacerlo! Parecía
leerme la mente, no se si en realidad ella sabía o intuía lo que deseaba
hacer en ese momento ¡Supongo que sí! -¿Estás segura, no te molestará? -En
absoluto ¡Haz conmigo lo que desees! Aquel
haz conmigo lo que desees, me sonó a una de las frases que siempre dice
una de las chicas de compañía ¡Sí! Una de las que de vez en cuando
suelo solicitar sus servicios. Las dudas me invadieron, y antes de seguir
directamente le dije: -Penélope. No te enfades por lo que te voy a decir ¡Por favor! Pero es que necesito saberlo ¿Qué pretendes de mí? -Simplemente ser tu amante y pasar una velada lo más divertida posible ¡Nada más! Me gustan los hombres maduros como tú. -Gracias
por tu sinceridad, ahora me quedo más tranquilo. Todavía
me encontraba frente a ella y aunque yo había roto la magia del momento,
seguí mirando sus piernas y le volví a preguntar: -¿Puedo seguir Penélope? -Te
vuelvo a repetir, soy toda tuya ¡Haz conmigo lo que desees! Decidido
en hacerla disfrutar, y disfrutar yo al mismo tiempo, totalmente
desinhibido remangué la tela del fino vestido lentamente hasta su talle,
dejado al aire la totalidad de sus braguitas, la silueta de su vulva era
resaltada por la hendidura de su vagina, a la altura de su clítoris se
marcaba un pequeño bulto que posiblemente fuera un anillo (Piercing)
clavado en el mismo. Acerqué mis labios y le besé las braguitas a la
altura del pubis. Ella con sus manos sujetó las mías, para ser ella la
que sujetara el vestido remangado y así de esa forma invitarme a que con
mis manos la acariciara. Lo hice acariciando sus piernas desde las ingles
hasta los tobillos, al pasar mis manos por sus pantorrillas, además de
acariciarlas las besé centímetro a centímetro, la suavidad de su piel
hacía que en mí despertara el deseo de poseerla ¡Pero no! No quiero
hacerlo, quiero que el deseo mío y el de ella estén al máximo antes de
irnos a la cama. Ring, ring... Suena el teléfono ¡Qué fallo el mío!
Tendría que haber desconectado el teléfono ¡Qué incordio los teléfonos
móviles! -¡Perdona Penélope! -Roberto
al habla ¡Dígame! Era Daniela, estaba llorando y me llamó para pedirme que por favor la acogiera ya que estaba en la calle, abajo en el portal de mi casa. Su marido la había echado de ella diciéndole que era una esposa infiel. -Pero Daniela ¿No tiene alguien conocido que le acoja? -Sí,
pero no quiero que se enteren ¡Ábrame por favor! Aunque
no creía que fuera la mejor de las ideas abrí la puerta a Daniela y en
el breve tiempo que tardó en subir le expliqué a Penélope la situación: -Lo siento Penélope, la noche ha tomado un rumbo que no era el que esperaba. -No te preocupes Roberto ¡Las cosas son como son, no como queremos que sean! -Profunda reflexión ¡Joven amiga! -¿Quieres que me marche? -No, tú no te marchas, tú te quedas a dormir con nosotros. -¿No os molestaré? -Tú
no te preocupes, es más prefiero que estés presente. Cuando
Daniela hizo su aparición eran las doce y cuarto de la noche, madrugada
ya del sábado. Con Daniela voy de mal en peor, todo estaba saliendo
deficientemente. Estaba dispuesto a calmarla y decirle que se marchara a
su casa, pero cuando entró en casa y la pude ver me fue imposible echarla
¡Qué cara! ¡No su cara dura! La cara era todo un poema, tenía los ojos
morados los labios hinchados y sangrando: -¿Quién te ha hecho eso? -Mi
marido. No
pudo decir nada más, se derrumbó moralmente y se puso a llorar
desconsoladamente, tanto Penélope como yo la intentamos calmar. Una vez
relajada le dije: -Llamo un taxi y vanos a un hospital para que le curen, allí pediremos un informe médico e iremos a denunciar lo que le ha pasado a la guardia civil. -No
Roberto, no quiero denunciarlo ¡Ha sido mi marido! Pero le tengo mucho
miedo y si le denuncio ¡De esta no salgo! La
intenté convencer de que no obraba correctamente y de que tenía que
denunciarlo para que así no volviera a ocurrir semejante barbaridad. Yo
por una parte la entendía, supongo que vivir con un monstruo como su
marido no era fácil. Pero por otro lado no entendía como una persona con
los estudios y sobre todo los medios económicos que Daniela parecía
tener, no se separaba de su marido ¡No lo entiendo! -¿Te ha golpeado en algún otro sitio además de en la cara? -No hoy sólo me ha pegado en la cara. -Daniela, le pido perdón por haberle metido en este lío. -No
se preocupes Roberto, hoy ha sido porqué se ha enterado que estuve con
usted en el restaurante. Pero sino, hubiera sido por otra cosa, las
palizas son constantes, llevo así desde que me casé ya son veinte años
de palizas y maltrato. Entre
Penélope y yo la llevamos al cuarto de baño para que se bañara o se
duchara lo que más le apeteciera. Penélope se comportó como si de una
hija de ella se tratara, la ayudó a desvestirse, ya que aunque decía que
solamente le había pegado en la boca daba la sensación de estar dolida
por la totalidad de su cuerpo, y a medida que se enfriaba, más le dolía.
Las dejé solas en el cuarto de baño: -Si necesitas algo llámame Penélope. -¡No
te preocupes lo haré! Pasaron
algo más de diez minutos y las sentía hablar, en unas de las veces que
Penélope habló, le entendí que decía algo sí como ¡No ves como estás!
Tienes que denunciarle para que pague por lo que te ha hecho. Sale Penélope
y pregunta: -¿Tienes
un pijama para prestarle? Está toda dolorida y amoratada, sería
interesante acostarla para que descanse. Le
di el pijama a Penélope y ella le ayudó a colocárselo una vez vestida,
me llamaron y yo le curé como pude las heridas en el labio para que
dejara de sangrar. Cuanto más pasaba el tiempo, más morado tenía los pómulos
¡Qué pena el verla! La acompañé al dormitorio que tengo para invitados
y la acostamos para que descansara. -Daniela si necesitas algo, no tienes más que llamar ¡No te cortes! -Gracias
Roberto. Penélope ¡Eres un Sol, dame un beso! Penélope
se agachó para darle un beso, yo esperaba que se lo diera en la mejilla
¡Pero no! Se lo dio en los labios aun heridos como los tenía. Nos
despedimos y la dejamos descansar, retirándonos al salón. -¡Qué noche te estamos dando Penélope! Siento de todo corazón el mal trago que te estamos haciendo pasar ¡Lo siento! -No es agradable lo sucedido ¡Pero ya sabes! Las cosas... –Yo dije- -¡Las
cosas son como son, no como queremos que sean! Nos
echamos a reír los dos a carcajada pero sin pasarnos para no molestar a
Daniela que sin duda le hacía falta descansar. De repente quedamos los
dos en silencio mirándonos fijamente a los ojos y ella en voz melosa
dice: -Podemos continuar donde lo dejamos. -Vale lo haremos ¿Quieres algo de comer? ¡Tendrás ganas! -Ahora
que lo pienso sí ¡Tengo mucha hambre! ¡Hambre de ti! Ja, ja, ja... ¡Hablando
en serio, tengo ganas de picar algo! Como
si no hubiera ocurrido nada nos pusimos a la mesa y picamos un poco de aquí
y un poco de allá acompañado de un buen vino, bebimos alcohol ya que ni
ella ni yo teníamos que conducir. Penélope debido a las dos copas de
vino que consumió se la observaba contenta y desinhibida ¡Alegre! Por lo
que continuamente me hacía carantoñas. Cuando estábamos a los postres
dice: -¿Quieres ver un Piercing? -¿Un pendiente? Ya te estoy viendo dos. Son muy bonitos. -¡No,
esos no! Llevo dos más ¿A que no sabes dónde? Aunque no los había visto, por lo menos uno de ellos lo intuía incrustado en la parte superior de su clítoris. -No, acércate que te enseñaré donde tengo uno de los Piercing ¿Lo ves desde ahí? Si lo veía, por mi edad y mi trabajo la vista la tengo mal, pero para ver desde lejos ¡Todavía me defiendo! Por cuanto tiempo no lo sé. -No
mucho ¡No creas! ¿Quieres besarlo? ¡Acércate y no seas tímido! Por
cierto, no son diamantes ¡Es bisutería! Me
acerqué a ella y le di una serie de besos en el ombligo y por todo el
vientre y costados ya que en ellos, ella sentía un gran placer que me
demostraba con sus gemidos. La seguía besando y lamiendo por toda la zona
ventral hasta que ella dice: -¡No pares, lo estás deseando! -¿Lo puedo hacer, me das permiso? -Por
supuesto ¡Te lo exijo! Bajé
sus braguitas tanga lentamente dejando su pubis y vagina totalmente
depilados al descubierto ¿Por qué será? Ahora casi todas las chicas
llevan sus genitales depilados, por lo menos las chicas que yo conozco ¡Debe
de ser moda! Tenía los labios vaginales hinchados casi como si acabara de
utilizar un consolador succionador, y allí en el centro de su vagina el
Piercing atravesando el clítoris. -¡Estás loca! ¿No te duele? -No,
al contrario ¡Me excita! Como era natural, una vez llegamos a ese punto, no me pude detener y me dediqué a besar sus labios vaginales con los míos bucales ¡Qué sensación! ¡Qué placer! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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