Piel delicada

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Datos ténicos

Título: Piel delicada
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Ellos
Actores: Ellos, Ella, Marido
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Terror - Aparición
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Su piel es delicada, suave y de un color pálido que le dan un aspecto cadavérico y que en muchas ocasiones me han dado qué pensar, hasta he llegado a creer que convivo con un muerto viviente, eso que los africanos occidentales llaman zombi. Sí, eso que nosotros, ¡los españoles! Hemos acabado incorporando a nuestro rico diccionario de La Real Academia De La Lengua Española y que literalmente dice que es una persona que se supone muerta y que ha sido reanimada por arte de brujería, con el fin de dominar su voluntad. No sé si ignorar lo que he leído, o dejarme llevar por el río de lo popular y creerme que se puede estar vivo y muerto a la vez, ¿puede ser posible? Esa pregunta me la he formulado a mí misma durante horas y horas durante años y años con respecto a mi marido. Nunca he llegado a ninguna conclusión, siempre que lo he pensado he salido victoriosa y al tiempo engañada. He dejado de creer en patrañas, y al mismo tiempo me han quedado dudas.  

Anoche tras la cena, paseando por el parque que tenemos en esta ciudad, parque poblado con diversidad de especies de árboles que abarca desde el centro hasta la misma entrada del cementerio, vi, o creí ver una cosa que me dejo perpleja. Les aseguro que no había bebido más que agua en la cena, y drogas ni las pruebo, podía ser una alucinación, ¡no lo dudo! pero para mí, lo que vi era real. Una chica y un chico vestidos con túnicas blancas, y sus caras pálidas como las de mi marido. Pero ellos sin expresión alguna en sus rostros y sus ojos faltos de vida, se cruzaron mientras paseaba, ellos hacia la entrada del cementerio, yo en dirección opuesta. Los vellos se me pusieron como las púas de un erizo, y sentí un escalofrío que estremeció todo mi cuerpo. No anduve más de 5 metros , me detuve y me giré para ver donde se dirigían, ¡oh sorpresa! Habían desaparecido, ¿o es que jamás existieron? Empecé a sentir mi sangre recorriendo alborotada por el interior de mis venas, la tensión era máxima, las pulsaciones de mi corazón delataban miedo. Corrí, no dejé de hacerlo en dirección a mi domicilio, cuando llegué a casa mi marido, mi zombi particular estaba plácidamente sentado ante el televisor viendo una serie de terror, ¡esa es su vida! Intenté explicarle lo sucedido pero él, no le dio importancia alguna, siguió viendo la serie y como siempre me ignoró. Ya estaba acostumbrada a vivir junto a un hombre que no me hacía caso, ni como mujer ni como persona, ¿de qué sirve vivir así? Para vivir como yo lo hago más vale vivir sola, ¡me lo estoy planteando! Pero eso puede esperar, lo que hoy he visto en la alameda del cementerio, no, eso no puede esperar y lo tengo que resolver lo antes posible.  

Desde la noche que vi a esos chicos vestidos con túnica blanca, no he dejado de ir un día tras otro para ver si los vuelvo a encontrar, estaba decidida, estaba casi obsesionada con la idea de plantarles cara y preguntarles quienes eran.

Lo que tenía que suceder, sucedió, anoche me los encontré cara a cara, con un miedo espantoso me planté ante ellos y le pregunté quienes eran, por respuesta un sepulcral silencio. Mis piernas temblaban, mi corazón parecía salirse de su habitáculo y yo allí, parada ante ellos. Sus ojos parecían de... ahora lo pienso y me estremezco. Como yo les obstaculizaba el paso, la chica me apartó sin brusquedad con la mano, su piel tocó mi brazo, una piel suave pero fría. Sentí un frío electrizante que me hizo permanecer allí en pie durante algunos minutos, ¡aquello no fue una alucinación! Les prometo que lo viví. Ahora ya no paseo por la alameda, desde ese día no salgo a la calle por la noche si lo puedo evitar. Con su mirada no me transmitieron nada bueno, ¡al contrario! No sé si podré seguir viviendo teniendo miedo hasta de mi sombra.  

He contado a mis conocidos lo sucedido, todos han coincidido, todos y cada uno de ellos se han reído, ¡me creen loca! Les entiendo, es una cosa difícil de creer, ¡pero es cierta! Estoy tan preocupada que he ido a contarle lo ocurrido a un psiquiatra, el hombre no se ha reído, no lo ha hecho porque es un profesional, pero estoy segura de que no se ha creído una palabra, me ha recetado un calmante y me ha despedido de la consulta dándome unas palmaditas en el hombro. Señal inequívoca para mí de que no me ha creído una palabra de lo que le he dicho.  

Mi marido no me escucha, mis conocidos se ríen y mi psiquiatra me manda tranquilizantes. ¿Qué puedo hacer? ¿Usted lo sabe?

*-*-*

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Nuestro agradecimiento a todos los que por unas causas o por otras visitan nuestra web. Gestión de empresas PYMES. Ella vio lo que vio, la piel suave pero fría de esos extranos seres.