Fantasma de abuela y madre

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Datos ténicos

Las sombras me persiguen

Título: Fantasma de abuela y madre
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Abuela
Actores: Abuela, madre, Salvador
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Misterio - Paranormal
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

La recodaba triste y sola postrada en su cama, cada día en la que la visitaba en aquella fría sala de hospital. Me dolía verla así pero no podía hacer nada por ella, nada le podía dar, a no ser mi sincera conversación para que de alguna forma se aliviara. Un sábado de madrugada me despedí de ella tras mi diálogo habitual sin respuesta, en sus ojos vi el último adiós, su rostro cansado parecía querer decirme algo.  

-¿Qué te pasa abuela?  

Le pregunté pero ella como siempre no contestó, llevaba años sin hacerlo, pero sus ojos llorosos y con mirada perdida lo presagiaban. Lo que tenía que suceder, sucedió, sin que nada o nadie lo pudiera evitar, era ley de vida. Clavó la mirada de sus ojos en los míos durante un instante, perdió la vista en el techo y en un nos segundos expiró, dejó de respirar, dejó de sufrir, quedó inmóvil ante mi pasiva mirada, ¡no pude hacer nada!  

Las personas tarde o temprano abandonan este mundo para inicial el viaje hacia lo desconocido. Nunca he creído que haya vida o algo parecido después de la muerte. Pero desde la muerte de mi abuela pienso que hay algo, ¡no sé el qué! Su muerte cambió mi manera de pensar. ¿Por qué la vi junto a mi lado mientras le introducían en el aquél frío nicho de cementerio? Estaba a mi lado mirándome y sonriéndome, cerré mis ojos llenos de lágrimas, sabía que aquello era una mala pasada de mi mente, ¡pero no! Al volverlos a abrir, ella seguía mirándome. Lo que me estaba pasando no era normal, y aunque estaba muy tranquilo por mi comportamiento con ella, ¡tuve miedo! En el momento de tapar el nicho me habló:  

-Salvador, no estés triste. Ya he dejado de sufrir y al lugar donde voy estaré mucho mejor que lo he estado hasta ahora. Pórtate bien y sigue estudiando hasta sacar el título que tanto deseas. Iré volviendo de vez en cuando para ver como lo llevas.  

¿Era real, o me estaba volviendo loco? No pude contenerme y lloraba desconsoladamente. En ese momento mi abuela se desvaneció. Una chica de apariencia extraña a la que no conocía se acercó y posando su mano derecha en mi hombro dijo:  

-Desde que te dejé hace veinte años, te he estado vigilando, sigue así, y como ha dicho tu abuela estudia mucho, y sobre todo sé buena persona que es lo más importante.  

Lo acontecido con mi abuela me dio miedo, pero lo de esa desconocida pálida y sin brillo en su mirada me aterrorizó. No hizo nada para que le tuviera miedo, pero su frialdad me ofuscó. No tenía nada claro lo que estaba ocurriendo, no tuve valor para preguntar nada a aquella joven mujer. Intenté salir corriendo del cementerio, pero su mano posada sobre mi hombro me tenía paralizado. Todos los asistentes empezaron a abandonar el lugar, pero yo seguía allí, con mis piernas temblorosas y apunto del desmayo. Hice de tripas corazón y casi sin aliento pregunté:  

-¿Quién eres, por qué me retienes?

-Soy la mujer que te trajo a este mundo, no te retengo, te puedes ir cuando lo desees.  

Al igual que mi abuela, esa chica que decía ser mi madre se desvaneció y con ella la sensación de peso sobre mi hombro. Estaba tan asustado y perplejo por lo que me estaba sucediendo que permanecí allí ante el nicho de mi recién enterrada abuela. No me di cuenta pero el tiempo pasó tan rápido que uno de los cuidadores me avisó:  

-Señor, son la siete de la tarde. Tenemos que cerrar, ¡lo siento!  

Estuve más de ocho horas en pie, el tiempo me pasó como si hubieran sido unos minutos. Por el aviso del cuidador del cementerio pude reaccionar y tomar dirección a la salida. Como era de esperar, el taxi que me había llevado hasta el cementerio, no estaba esperando para llevarme de regreso. Era un lugar retirado de donde vivía, pero decidí regresar andando para así serenar mis ideas.  

Llegué a casa cansado y deseando acostarme para recuperarme de los días de angustias pasados. Puse la llave en la cerradura y no sé porque motivo sentí un escalofrío, al entrar averigüé la causa. Estaban allí, mi abuela y mi supuesta madre sentadas en el sofá charlando de sus cosas como si nada hubiera sucedido.  

Nunca me han vuelto a dirigir la palabra, tampoco me miran. Han pasado 2 años y he aprendido a vivir con ella. Mejor dicho he aprendido a vivir a pesar de ellas. Les puedo asegurar que no estoy loco. ¡Aunque en realidad no sé muy bien qué es la locura!

*-*-*

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