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Relato Ayer
al levantarme no me encontraba bien y aunque no me gusta, tuve que ir al médico
para contarle lo que me pasaba. Y así me recetaría algo que aliviara mi
dolor. ¡Qué sorpresa! En lugar de un doctor que es lo que siempre he
tenido, en su puesto encuentro una doctora. ¡Guapísima, y muy joven por
cierto! Pero no era por el hecho de que fuera más o menos guapa, el
motivo de mi sorpresa, fue porque lo que tenía que contarle era una
cosa muy íntima. Me quedé tan cortado que por un momento pensé contarle
otra cosa que nada tenía que ver con el motivo de mi visita. ¡Hice de
tripas corazón! -¿Qué le pasa? –Dijo la doctora- -Tengo
un fuerte dolor a la hora de orinar –le digo- Mi
enfermedad quedó al margen, mis ojos se clavaron en su falda ¡En su
corta falda! Mi imaginación empezó a volar por los cielos de lo sensual,
allí mismo tuve un sueño que ahora les explico: El
flechazo fue mutuo, se introdujo tan profundo que los dos nos olvidamos
por completo que estábamos en la consulta de la sanidad pública.
Cualquiera podía hacer aparición sin previo aviso ¡Pero nos dio igual! Ella
sentada frente a mí se desabrochó por completo la blanca bata que no
dejaba ver al completo su excitante y corta falda. La minifalda con
esfuerzos le cubría sus braguitas, para darle más sensualidad a la
escena cruzó sus piernas ¡Qué vista! Mi mirada no podía separarse de
su entrepierna: -¡Bájese
los pantalones! Los calzoncillos no hacen falta. Yo misma los apartaré
para poder inspeccionar su pene. No
había terminado de bajarme los pantalones cuando la joven doctora deshace
el cruzamiento de sus piernas y las deja bien separadas para que yo le
pueda ver a placer sus bragas ¡Sus blancas y casi transparentes bragas!
La vista era excitante y provocadora. Pero yo me quedé allí, en la silla
¡Parecía petrificado! Dice: -Así están bien ¿Qué es lo que tan fijamente mira? ¿Son mis braguitas a caso? -¡No!
Estoy con la vista perdida pensando en mis problemas. La
hermosa doctora me estaba provocando con el constante cierre y apertura de
sus piernas, su minifalda cada vez más subida dejaba más longitud de
muslos al descubierto y yo debería estar cada vez más excitado pero mi
pene no era capaz de conseguir una erección ¡Parecía asustado! Volvió
a la carga, pero esta vez además de separar las piernas introdujo su mano
izquierda en el interior de sus bragas y empezó a masturbarse, con la
derecha acariciaba al tiempo sus pechos por encima de su suéter. Ella
parecía estar disfrutando del momento, yo también lo tendría que haber
estado haciendo ¡Pero me era imposible! Estaba tan nervioso que no era
capaz de templar. -¿Qué te pasa, no te gusto? -Si me gustas mucho, pero estoy tan nervioso que no soy capaz de excitarme ¡Lo siento, no te sientas ofendida! -Déjame,
voy a intentar una cosa. Dejó
de acariciarse y masturbarse, se levantó, echándose la falda hacia abajo
se acercó y se arrodilló frente a mí, por la pernera izquierda de mis
calzoncillos sacó mi pene y lo empezó a acariciar con sus suaves manos
¡Pero nada, no reaccionaba! Parecía un gusano de seda en fase de
metamorfosis ¡Estaba flácido y arrugado! Mi pene en otra situación ya
estaría totalmente dispuesto a invadir el territorio de tan hermosa
mujer. Pero no sé que es lo que estaba ocurriendo en mi interior que no
era capaz de excitarme y mucho menos de poner dura mi herramienta. Estaba
quedando como un impotente ¡No era así! Si algo hasta ese momento tenía
en perfecto estado ¡Eso era mi pene! -¡Lo
he intentado todo, ya no sé que hacer! ¡Espera, se me ocurre una idea! La
hermosa y joven doctora en pie ante mí lucía su provocativa minifalda.
Había llamado a su enfermera, que en unos segundos hizo su aparición. Si
la joven doctora era hermosa, su enfermera no lo era menos. Las dos
empezaron a contonearse y acariciase cada una de las zonas de sus cuerpos
¡Era fantástico y muy excitante! Yo parecía empezar a despertar ¡Fue
una falsa alarma! Mi pene seguía sin reaccionar. Ellas siguieron y
siguieron con sus juegos hasta alcanzar el orgasmo ¡Se olvidaron por
completo de mí! -Señor, señor ¿Me oye? –Dijo la doctora y desperté- -Si
la oigo ¡Perdone, me he quedado transpuesto! Había
soñado mientras la joven doctora me estaba reconociendo. En ese momento
yo soñaba un sueno erótico frustrado. Lo único cierto de todo lo
sucedido es que la joven doctora llevaba minifalda y que a mí me dolía
fuertemente al orinar. -Tiene usted infección en la orina, tómese estas pastillas durante 7 días y todo se solucionará ¡Quédese tranquilo! No es nada grave. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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