Deseaba ser prostituta I

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Relatos de minifaldas - Minifalda.

Título: Deseaba ser pristituta I
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Gión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Anita
Actores: Anita, Adelaida
Musica: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Drama
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

La mujer del vecino del cuarto es un poco provocativa al vestir, cuando paso a su lado se desabrocha un botón del escote que ya lleva bastante abierto y por lo tanto deja al aire su sujetador que produce en mí una curiosidad inusitada ¡Quiero vérselas! Sí, quiero verle las tetas ¡Me encantan las tetas!  

Creo que la mujer del vecino del cuarto es un poco zorra, pero a mí me gusta que lo sea ¡Ya somos dos! Por las cosas que hace y por la forma en que me mira, denota sin la menor duda de que le gustan las chicas ¡Y si son jóvenes, aún mejor!  Yo soy joven ¡Muy joven! Si quiere guerra, se la daré sin contemplación alguna. Mañana cuando al salir del colegio me la encuentre en el ascensor le acariciaré el culo por debajo de la corta falda que casi siempre lleva ¡Veré su reacción! Pensando en ella me dormí.  

El día de colegio lo pasé pensando en el momento del encuentro con la vecina del cuarto. El día se hizo largo, interminable, tenía tantas ganas de encontrarme con Adelaida ¡Sí, se llama Adelaida! Que los minutos parecían horas ¡Cielos, si mi madre se entera! Espero que no, me dijo que la próxima trastada que hiciera me internaría en un colegio de monjas ¡Eso sería mi perdición! Yo he nacido para ser prostituta y no pararé hasta conseguirlo, a pesar de lo que digan mis padres. A ninguna de las chicas que conozco le gustaría ser de mayor prostituta. Unas quieren ser abogadas, otras médicos, ingenieras en telecomunicaciones las menos ¡Pero putas, ninguna! Pues yo lo seré, y sacaré matrícula de honor ¡Pese a quien pese! Y como todo me salga bien, Adelaida será mi profesora ¡Con chicos ya he follado! Con mujeres aún no, espero que ella sea la primera y que me enseñe todo lo que sepa ¡Estoy segura de que será mucho! Ahí está, no me tengo que poner nerviosa, simplemente meterle mano:  

-¡Hola Adelaida! ¿Qué guapa estás hoy?

-Gracias, tú lo estás siempre niña.

-Me llamo Anita ¡Ya no soy tan niña! ¿Quieres saber mi edad?

-No necesito saber tu edad, se que eres una niña muy joven, con eso me basta.  

La conversación no me dio pie para meter mi temblorosa mano por debajo de su corta falda, pero yo como siempre hago las cosas por impulsos, sin pensarlo dos veces, lo hice ¡Valla si lo hice! Ella dijo:  

-¿Qué haces? No me toques el culo, tienes las manos muy frías.

-Perdona, ha sido un impulso que no he podido reprimir ¡Tienes unas nalgas tan bonitas!

-Niña, me parece que eres un poco guarra. Con la edad que tienes debería de estar dándote el lote con algún chico de tu edad en un banco de la plaza ¿No crees?  

La respuesta de Adelaida mandó al traste todo mi proyecto de aprendizaje. Sin duda alguna me equivoqué, ni le gustan las chicas y por lo comentado menos las niñas. Mis piernas temblaban ¡Yo temblaba! ¿Qué pasaría ahora? Si se enfada y le cuenta lo sucedido a mi madre ¡Tierra, trágame! No reaccioné, pero cuando lo quise hacer, ya esteba en mí rellano, sin decir nada salí del ascensor y ella dijo:  

-Esto no se queda así, luego pasaré por tu casa para hablar con tus padres ¡Mereces un castigo!

Entré en casa como alma que se lleva el diablo, fui directamente hasta mi habitación y me dispuse para hacer los deberes que me habían mandado en el colegio. Mientras los hacía me preguntaba ¿Por qué es tan difícil? Suena el timbre:  

-Anita, abre la puerta que yo estoy ocupada ¡Antes mira por la mirilla! Si no es alguien conocido no abras.

-Mamá, ya sabes que no alcanzo a la mirilla.

-Súbete en una silla como has hecho otras muchas veces ¡Hazlo, estoy acabándome de duchar, ahora mismo salgo!

-¡Vale mamá!  

Estaba segura que la que tocaba al timbre era Adelaida que venía para hablar con mis padres. Subida en una silla eché una mirada por el alto visor de la mirilla ¡Jolines! No me equivoqué era la vecina del cuarto en carne y hueso.  

-Mi madre viene ahora, está acabándose de vestir.

-Gracia, esperaré aquí mismo.  

Mi madre, como no podía ser de otra manera no tardó mas que un minuto en hacer acto de presencia, hizo pasar a Adelaida a la sala de estar y allí estuvieron hablando de mí. Sentí a mi madre como le decía:  

-No sé que hacer con esta niña, se ha empeñado en decir que de mayor quiere ser prostituta. Lo dice con tanta naturalidad que me da miedo. Por favor, perdone lo que le ha hecho, le agradezco que me lo halla dicho.  

Adelaida se marchó y mi madre tuvo unas palabras conmigo. Yo la escuchaba pero no le ponía ninguna atención ¡Estaba decidida! Esa misma noche me escapé de casa, preparé una mochila con un poco de ropa y todo el dinero de la hucha. Ese fue el principio del fin de mi vida ¡Qué arrepentida estoy! Sólo tenía 12 años, 12 años de fantasías e inexperiencia y la calle es una selva ¡Una selva que te curte, una selva que te destroza!  

Mi historia, ahora explicada a los 25 años es una historia como las de muchas chicas que han tenido la mala suerte de criarse sola en las calles de esta o aquella ciudad ¡No importa! Todas son iguales, lo puedo asegurar con conocimiento de causa.  

Decidida a realizar mi sueño, salí de casa con destino a la estación de trenes de la ciudad donde vivía, a pesar de mi poca edad, sabía que hacer en todo momento, por lo que decidí poner rumbo a la ciudad de Barcelona (España). Recuerdo que era una noche gélida. Con mi mochila colgada a la espalda esperé hasta escuchar:  

-El tren con destino a Barcelona efectuará su salida a las... en el andén 3, rogamos a los señores pasajeros que suban ya que en breve efectuará su salida.  

Yo sabía que si sacaba un billete, no me lo darían y avisarían a la policía ya que era una niña. Como años antes había viajado con mi madre hasta Málaga, sabía que pasaba un señor al que llamaban revisor, este hombre tenía la misión de controlar que los pasajeros viajaran con billete. Por lo que se me ocurrió sentarme en un asiento vacío, cuando el revisor llegaba yo me iba al lavabo y cuando llegaba y tocaba le decía que estaba haciendo mis necesidades y que mi madre ya le había dado el billete ¡Tuve suerte! El hombre se lo creyó y me dejó que hiciera lo que tenía que hacer en el retrete. Por la mañana temprano llegué a Barcelona, no había puesto un pie en la estación cuando ya estaba arrepintiéndome de haber huido de casa. Con lo fácil que hubiera sido acercarse a un policía y decirle que me había escapado ¡Lo pensé! Estuve a punto de hacerlo pero en el último momento me arrepentí. No hacerlo fue el segundo error de mi vida ¡Luego vinieron muchos otros!  

De la estación al barrio donde hay cantidad de burdeles no tardé más de 15 minutos en llegar. El día por suerte para mis huesos amaneció en Barcelona soleado, empezaba a tener hambre y aunque llevaba 100 euros que tenía ahorrados no me atreví a entrar en ningún bar o restaurante para comer. Andando de aquí para allá me tropecé con un mercado. Allí empecé a darle una dirección a mi vida que sería el tormento del resto de mis días.  

Cuando encontré el mercado como estaba hambrienta empecé a robar para comer ¡No había marcha atrás! Ese fue el primer eslabón de una larga cadena de robos, uno llevó al otro y ese fue el rumbo de mi asquerosa vida.   

No habían pasado dos semanas cuando ya estaba atrapada en las redes de prostitución infantil de la ciudad ¡Qué pocos escrúpulos tenían! No dudaron en convertirme en lo que yo tanto deseaba. Mis deseos se convirtieron en realidad ¡Por fin me convertí en prostituta! Sí, a los 12 años y dos meses fui follada por el primer individuo ¡Un viejo! Que debía tener más de 50 años, fue el primer hombre que introdujo su gordo y asqueroso pene en mi pequeña vagina la cual desgarró. En ese momento me di cuenta lo que era follar, les aseguro que mentí cuando dije que follé con chicos ¡Nunca lo hice! Ese ser inmenso y calvo fue el primer pedófilo que introdujo su pene en mi vagina, pero no se conformó con eso ¡No! Me obligó a que le chupara el pene después de haberme follado. Perdonad si os ofende mi vocabulario ¡No tengo otro! Es el que he aprendido durante los 13 años de malvivir ¡Es el único que sé!  

La errónea fantasía de ser prostituta empezó a pasarme factura. Quise escapar de las garras de la red de prostitución infantil en la que caí ¡Lo intenté, les aseguro que lo intenté! Pero ellos nunca permitieron que me alejara, día y noche era vigilada por una mujer de gran maldad ¡Y menos escrúpulos! Ella era la que se encargaba de recoger el dinero que yo ganaba. Luego con el paso del tiempo supe que pagaban por disfrutar de mi cuerpo ¡Eso era ser prostituta! Ganaba dinero y yo solamente recibía como pago un poco de comida para que no muriera ¡No tenía caprichos! La mala pécora me obligaba a robar a los clientes y darle el dinero a ella ¡Nunca tenía bastante! Con el dinero que le robaba a la mafia y con el que yo robaba a los clientes ella se drogaba constantemente. Todos y cada uno de los días que permaneció a mi lado como secuestradora estuvo drogada.  

Mi vida con semejante ser abominable fue un verdadero tormento, nunca tuvo un gesto de cariño. Cuando no follaba con los infanticidas follaba con mi carcelera. Si asco me daba follar con los repugnantes hombres, terror me daba follar con una mujer que parecía muerta ¡No les cuento la falta de higiene que tenía! Una noche mientras me introducía un enorme consolador por mi culo murió. No por la excitación de hacerlo, supongo que fue por la gran cantidad de heroína que introdujo en su cuerpo ¡Así reviente, libre por fin! Eso es lo que pensé, escaparé y me presentaré al primer policía que me encuentre. Otro infortunio ¡Qué mala suerte! La deplorable mujer que me retenía parecía tener un dispositivo avisador incrustado en su cuerpo para cuando su corazón dejara de latir. No habían pasado ni dos minutos, cuando me disponía a dejar esa mugrienta habitación escaleras abajo, se presentaron dos tíos enormes con caras de pocos amigos. Me agarraron y me llevaron con una vieja mujer que sería mi nueva carcelera.  

Mis ojos soltaban lágrimas de pura rabia. Había aprendido a no llorar por nada, pero las lágrimas brotaban de mis ojos como si fuera una niña ¡Aunque no lo era! Bueno sí, si lo era, pero en aquellos momentos ya no sabía ¡No sabía qué es lo que era! Mi infancia murió en la casa donde nací ¡Sí, allí en Madrid!  

He perdido la cuenta de los hombres y mujeres que han practicado el sexo conmigo. Tres infecciones de vagina y un aborto fueron el resultado de las violaciones repetitivas que sufrí ¡No importaban, me estaba haciendo dura! Mis sentimientos quedaban al margen. Cada vez era más y más impasible ¡Nada me importaba o eso creía yo!  

Mi vida tomó un nuevo rumbo al cumplir los catorce años, durante una pequeña fiesta que organizó en mi honor ¡Si eso se podía llamar fiesta! Mi carcelera invitó a un cliente que se encaprichó de mí ¡Cómo no hacerlo! Una niña de catorce años es un majar para estos repugnantes seres ¡Mi vida cambió! Me vendieron como si de un coche se tratara, desde ese momento aprendí a sufrir más ¡Sí aun más! Ese violador de niñas, además de follarme un día sí, y otro también. Disfrutaba dándome unas palizas de las que aún tengo grandes señales ¡Tenía derecho, era mi dueño! Eso es lo que una y otra vez repetía ¡Él lo repetía, yo cobraba! Durante el tiempo que este maravilloso hombre me tuvo en su poder, me obligó a follar sin protección alguna ¡Cómo disfrutaba, él claro está! Quedé 2 veces embarazada pero el muy cerdo tenía tantos contactos que venían médicos ¡Sí médicos titulados! En casa me provocaban el aborto. Así entre ostias y golpes en los riñones y siempre con morados por todas las partes de mi cuerpo fue pasando el tiempo hasta cumplir los 15 años. Qué maravilloso día de cumpleaños, la suerte estuvo aliada en esa ocasión conmigo, como regalo ese energúmeno que me maltrataba murió en un espantoso accidente de tráfico ¡Digo espantoso! No porque semejante animal muriera, sino porque fue a chocar contra un coche ocupado por una familia que murió en su totalidad ¡Hasta para eso fue un hijo de la gran puta! Murió él, pero mató al padre, la madre y a tres hijos de corta edad.  

Nuevamente volví a creer que quedaría libre ¡Qué ingenua! Los mismos sujetos que me dieron la noticia del accidente de mi dueño y señor me llevaron con ellos. Me hicieron poner unas gafas oscuras y entre los dos me acompañaron al coche, allí fui drogada y desperté en una casa de prostitución ¡Sí, en un burdel! Con 15 años ya aparentaba 18, por ese motivo fui apartada de la prostitución infantil ¡Pasé a se una mujer! La verdad es que de sentimientos ya lo era ¡Había recibido muchos palos, para no serlo! Por lo tanto pasé a engrosar la lista de las prostitutas de un burdel de carretera. Por lo menos eso me pareció, ya que desde una pequeña ventana podía ver gran cantidad de camiones. Allí pasé dos años más o menos en calma ¡Presa! Pero tranquila, nunca volví a recibir un palo ¡Mi cuerpo lo agradeció!  

Una noche alguien olvidó cerrar la puerta de mi habitación y no dudé en escapar, durante toda la noche anduve sin rumbo ¡No sabía dónde estaba! A las seis de la mañana fui de nuevo capturada y posteriormente llevada al burdel. Para escarmiento me obsequiaron con una agradable paliza que me tuvo apartada del servicio durante dos semanas ¡Cuantas y cuantas noches me he arrepentido de huir de casas! Nunca lo había hecho, pero esa paliza hizo que pensara en mis padres. No los culpo, pero me pregunto una y otra vez ¿Cómo permitieron que fuera tan rebelde? Si me hubieran pegado una paliza a tiempo ¡No hubiera recibido tantas a destiempo!  

¿Qué me podía pasar que ya no lo hubiera hecho? Nada, Eso es lo que yo pensaba. Pero me encerraron con una chica que era heroinómana, hasta ese momento nunca había tomado drogas, pero estaba tan asqueada de mi vida ¡Me dolía tanto la paliza recibida! Que quise acabar con mi vida. Recogí la jeringuilla que esa chica acababa de inyectarse y sin dudarlo dos veces me la inyecté con aire. No tardó en producirme una embolia en el brazo ¡Qué dolor! Daba unos gritos que se debían sentir en todo el edificio. Los vigilantes no tardaron en llegar, para callarme no dudaron en aplicarme una dosis doble de heroína, su intención era matarme para que callara, pero en lugar de conseguirlo al introducir la dosis de heroína la embolia desapareció y con ella el dolor. Así me convertí en drogadicta ¡Heroinómana, sólo me faltaba eso! Prostituta por obligación y drogadicta por necesidad. Muriendo poco a poco, estaba alegre, así no me enteraba de si los clientes vaciaban su semen, en mi culo, coño o boca ¡Me daba igual! Pasó el tiempo sin sentir, cuando cumplí los 18 años ya era todo un cadáver andante.  

Como no podía suceder de otra manera enfermé ¡Ya no valía para ejercer como prostituta! El médico me diagnosticó que tenía el SIDA, siendo portadora de tan temida enfermedad intentaron quitarme del medio inyectándome una gran cantidad de heroína pura y me tiraron el la cuneta de una carretera para que allí muriera y me encontraran con la jeringuilla clavada ¡Sería una muerte por sobredosis! Nadie sospecharía nada, nadie investigaría nada, sería la muerte de una drogadicta más. Pensaron que mi cuerpo no resistiría ¡Se equivocaron!  

Fui encontrada por una patrulla de la policía municipal y con urgencia llamaron a una ambulancia ya que aún respiraba. Sentía como hablaban, les sentía pero no les veía, estaba apunto de dejar este maravilloso mundo para ir a otro ¡No sé cual! Pero sin duda a otro mejor que en el que me ha tocado vivir. Como siempre y por desgracia para mí, mi cuerpo aguantó y en el hospital fui recuperada para la sociedad ¡Eso creía yo!  

Con mi recuperación empezó un nuevo calvario ¡Qué desdichada! Mejor hubiera sido encontrar el camino hacia otro mundo. ¿Qué hacía ya en éste? Enferma, prostituta y casi analfabeta ¿Qué podía esperar de la vida? Totalmente curada respecto a las heridas y secuelas físicas ¡No las síquicas! Me dieron el alta:  

-Señorita, tiene que tomarse estas pastillas todos los días durante el resto de su vida ¡No lo olvide! Lleve este informe a su médico de cabecera y el se las recetará.  

Yo no sabía nada, salí del hospital y me senté en un banco de un parque que estaba justo frente a la puerta principal. Como catatónica estuve sentada durante todo el día, las personas que pasaban miraban, murmuraban pero ninguna me ayudaba ¡No sabía que hacer!  

-¿Señorita, se encuentra bien?  

Un niño ¡Un niño! Que paseaba por el parque en bicicleta fuel el que se dignó a preguntar por mi estado, Si ese era el mundo que me había perdido durante esos 6 penosos años ¡No había perdido nada! Todo lo empezaba a ver de color oscuro. Empecé a odiar a todo y a todos ¡No quiero vivir!  

-No, no me pasa nada ¿Dónde está la estación de trenes?  

Estaba tan sorprendida ¡Tan desorientada! Estaba en la ciudad de Valencia y ni siquiera sabía como había llegado allí. Recordaba el acento de los hombres que me follaban en el burdel y para nada se parecía al de las personas de Valencia ¡Es más! No creo que ni siquiera fueran de España ¿Dónde he estado todo este tiempo? No sé por qué me preocupaba. ¿Qué más daba? Ser retenida en España o fuera de ella, sea como sea no me harán caso alguno en ninguna comisaría ¡Pensarán que estoy loca!  

Decidí volver a casa, lo haría en tren que es la manera más fácil de viajar sin pagar. Caminando en dirección a la estación fui pensando en que es lo que diría a mis padres cuando apareciera en la puerta de su casa ¿Me recordarán? Un escalofrío recorrió la totalidad de mi cuerpo. Ya en la estación busqué un asiento para pasar la noche ¡Vuelta a empezar! Sola y sin dinero, sentada esperé la llegada del tren que me llevaría a la casa que nunca debiera haber dejado. Tenía hambre, estaba mareada por no probar alimento alguno desde que salí del hospital. Hambrienta como estaba monté en el tren.  

-Señorita ¡Billete por favor!

-No tengo billete, no tengo dinero para comprarlo.  

No sé si mi suerte empezaba a cambiar, pero el hombre encargado de vigilar que nadie viaje sin pagar miró fijamente mis ojos, ojos llenos de incertidumbres. No sé que es lo que vio en ellos que dice:  

-No se preocupe, viaje hasta donde se dirija no le volveré a pedir el billete.  

Empezaba a ver que aún quedaban personas buenas ¡Que no todo era malo! A pesar de mi dureza mis ojos empezaron a derramar lágrimas ¡Lágrimas de impotencia! Lágrimas de agradecimiento. Ese hombre era la segunda persona en el día que se había interesado por mí ¡Me había ayudado! Y sin pedir nada a cambio. Por el fondo del pasillo le veo aparecer:  

-¡Hola chica! ¿Por cierto, cómo te llamas?

-Me llamaban Anita.  

El hombre no solamente me dejó viajar sin billete, me trajo un bocadillo y una botella de agua. Se preocupó por mí, le conté un poco de lo sucedido y se le saltaron las lágrimas ¡Qué dulzura de hombre! Cuando llegué a Madrid, me disponía a descender del tren, se acercó y me dijo:  

-Toma Anita, he hablado con los compañeros y entre todos hemos reunido 100 euros para que te defiendas unos días ¡Te deseamos suerte! Toma mi número de teléfono, si alguna vez te encuentras en apuros llámame. 

*-*-*

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